miércoles, 28 de abril de 2010

Acerca del análisis científico-sistémico de lo político.

Lima-Perú. adelantecronopio@hotmail.com http://cronopiocortazar.blogspot.com No debe ponerse en duda, al realizar el análisis de los hechos históricos, la compulsa de lo político y la dinámica de los factores económicos-sociales que repercuten en la sistematicidad de las instituciones y en el accionar de las agencias. En la teoría política se maneja el concepto de la realpolitik como una muestra del peso específico de lo político en las relaciones internacionales entre los diferentes Estados. Es así que en la década de los 80, en Latinoamérica, se transitaba de los Estados dictatoriales hacia los nuevos Estados democráticos. En el sentir de Samuel Huntington se avecinaba una suerte de tercera ola democrática. El fracaso militar tras la guerra de las Malvinas fue el detonante para una serie de movilizaciones populares que motivaron la salida del establishment castrense. Todo ello con la venia de EEUU. Que no se diga entonces que EEUU estuvo en contra de esta guerra pues eso evidenciaría una total y absoluta ignorancia del tema. Como sabemos, EEUU se ajusta a los humores y vaivenes de los tiempos. Fue clave tumbarse a Allende y a Estelita en su momento, así como también fue cardinal apoyar a Inglaterra con miras de consolidar un viejo y curtido bloque de derecha. De manera que nada es casual. Como dijo Einstein Dios no juega a los dados, y en política mucho menos. Todo giro en el establishment norteamericano responde a intereses específicos ajustados a un espacio-tiempo determinado. Por si existe alguna duda no se olviden los que coronaron a Obama con el premio Nobel que los bombardeos sobre Afganistán y la mano blanda sobre el programa voraz de asentamientos judíos en el territorio palestino, continúan.

jueves, 11 de marzo de 2010

Ubi sunt: La derecha que si debate.

Una derecha sin ideas se acerca nuevamente a la toma del poder. Las causas de este escenario, donde el pragmatismo de viejo cuño se posiciona nos obligan a realizar un ejercicio deconstructivo de la dinámica ideológica de las agencias y su grado de influencia en las estructuras. Atrás quedaron las tesis del ILD respecto de la capitalización de los pobres a través de la formalización patrimonial. En los ochenta, con la llegada de Paul Samuelson y Milton Friedman se lograron posicionar los discursos económicos de un liberalismo renovado que devino en un punto de inflexión necesario para dinamizar los focos de debate. De la mano de Hernando de Soto había nacido, como se dijo por entonces, una derecha inteligente. Empero, luego fue todo kaput. Las recetas ortodoxas asfixiaron las ideas y reificaron el sentir de lo político. Todas las transgresiones ideológicas eran tipificadas de paleolíticas en una esfera global de liquidación del colectivo. En la actualidad, es en Alemania donde realmente se evidencia un debate mayor. Así, Axel Honneth a la cabeza de la Escuela de Frankfurt centra su análisis en la consolidación del reconocimiento como categoría eminentemente moral cuyo despliegue compromete no sólo las esferas de la autorrealización de los colectivos, sino también la responsabilidad de los Estados en el ejercicio del poder. Esta matriz doctrinal nos recuerda los aportes de John Rawls y Ronald Dworkin, quienes ya trabajaron el tema de la justicia y la igualdad de consideración como eje de cambio para viabilizar una redistribución más justa. En el esquema discursivo de Honneth lo ético del reconocimiento deviene en redistribución necesaria. Esta tesis ciertamente ha sido contrapuesta por Nancy Fraser al afirmar que en realidad son importantes tanto el reconocimiento como la redistribución desde una perspectiva bidimensional. Empero, si la categoría hegeliana de reconocimiento está adquiriendo el peso específico de los últimos tiempos se debe sobre todo al nuevo curso que ha tomado el debate de las ideas, tanto desde las dehesas de la derecha, como desde los espacios de la izquierda. Así, Richard Rorty y Brian Barry por ejemplo se sitúan en las antípodas al proponer un posicionamiento más profundo y mayor de la redistribución como programa de lo político, más que un reconocimiento de lo cultural que subdivide las estructuras de la sistematicidad del colectivo. En todo caso el debate continúa con intensidad y muestra la altura y el rigor de sus principales cuadros. Incluso si pensamos en la magnificencia mediática de Peter Sloterdijk podríamos decir que sigue siendo, la que observamos columbrar en lontananza, una derecha muy astuta, por lo menos la alemana.

martes, 2 de febrero de 2010

Análisis de la crisis estructural en la Europa del siglo XVII

Lima-Perú. adelantecronopio@hotmail.com http://cronopiocortazar.blogspot.com Una de las etapas clave para comprender el posicionamiento del liberalismo inglés y la explosión revolucionaria de la clase burguesa en Francia es sin duda el contexto de crisis que sacudió Europa durante el siglo XVII. La teoría histórica nos permite entender que las crisis desencadenan todo un conjunto de cambios y transformaciones que movilizan las agencias sociales y remecen las estructuras económicas y los cimientos políticos del establishment. Los procesos acontecidos desde fines del siglo XVI e inicios del siglo XVII no escapan a este razonamiento, más bien lo confirman con rigor. Entre los antecedentes de la crisis podemos mencionar la singular funcionalidad del sistema monetario, donde circulaban a fines del siglo XVI tres tipos de monedas, muy dependientes del avituallamiento de metales preciosos traídos de América. Esta dependencia de los recursos minerales del nuevo mundo evidenció la debilidad del sistema monetario europeo respecto de los vertiginosos cambios en la oferta y demanda del oro y la plata. El monopolio de la acuñación estatal y el manejo de la circulación monetaria requerían de mecanismos sofisticados y rigurosamente elaborados con miras de enfrentar cualquier peligro que colocara a tiro de piedra la economía del sistema. Otro elemento a tomar en cuenta como un antecedente de la crisis fue el decrecimiento de la población. A diferencia de fines del siglo XVI donde se observa un crecimiento y una estabilización de los indicadores demográficos, a inicios y mediados del siglo XVII se evidencia la caída del número de habitantes como resultado del recrudecimiento de los enfrentamientos bélicos, la hambruna y las epidemias. Las guerras eran una necesidad para la consolidación de los estados y para el robustecimiento de las clases dominantes. Esto es lo que el sociólogo alemán Robert Michels denominó la ley de hierro de la oligarquía, la imperiosa urgencia de ganar posiciones económicas y políticas en vías de perennizar el apparatchik, a partir del accionar de la guerra. Ahora, en el enfoque marxista hay guerras justas e injustas. Demás está decir que en los procesos acaecidos durante el siglo XVII la totalidad de las guerras fueron desencadenadas por las viejas casas monárquicas. La masa campesina fue víctima directa de los arrebatos belicistas de la clase nobiliaria. La crisis agrícola y las confiscaciones, así como las destrucciones de los campos originaron una brutal hambruna. A esto se sumaron los recurrentes ataques de enfermedades y epidemias que diezmaron a una población carente de recursos suficientes para enfrentarlas, lo mismo que la ausencia de conocimientos en el campo de la ciencia médica capaces de diseñar remedios y vacunas efectivas. Entonces, qué duda cabe, uno de los mayores problemas que tuvo que enfrentar la Europa del siglo XVII fue la crisis agraria. Como en tiempos del colapso del siglo XIV el campo fue el centro neurálgico de la dinámica de un proceso en espiral, recurrente y crítico de larga duración. Esto tiene su correlato en la denominada pequeña edad del hielo que sacude por entonces la vieja civilización europea. Con la disminución de la producción agrícola las masas campesinas desatan protestas y movilizaciones en pro de su bienestar. El encarecimiento de los productos agrícolas es muy notorio en las ciudades lo que genera desmanes en la población citadina. Empero, la crisis del campo fue superada con éxito por los ingleses y holandeses. A pesar del combate que les dio Tomás Moro en su libro Utopía a los ‘ogros’ de la nobleza que extendían a mansalva la ganadería en perjuicio de las ingentes masas de labriegos y campesinos quitándoles su fuente de trabajo; el estado inglés planificó sus estrategias para enfrentar la crisis agrícola, exento de una heterodoxia propia de su tiempo, a partir del mejoramiento y rotación de las tierras, así mismo desarrolló su potencial ganadero. Un ejemplo similar lo hallamos en el caso holandés a través de una suerte de roturación novedosa denominada pólder. La mención tanto de Inglaterra como de Holanda nos lleva a la concreción de una aseveración por demás evidente, de que en cada proceso de crisis habrá sectores que colapsarán, pero también existirán estructuras económicas y políticas que se adaptarán y lograrán sobrevivir. Durante la crisis del siglo XVII la peor parte la lleva no sólo la monarquía española, sino la población de modestas condiciones que habita en sus predios. El politólogo italiano Vilfredo Pareto afirmó que en política sólo había lugar para zorros y leones. Pues en el siglo XVII, en la gran maquinaria política de la metrópoli española sólo había acémilas. Los sucesores en el trono tras la muerte de Felipe II fueron un mejunje de incuria e ineficiencia absoluta. Por ello, una de las causas de este fenómeno de crisis estructural también se debe a la inoperancia de la clase dominante en España que no supo administrar eficazmente sus colonias, lo cual permitió a su vez el incremento desmedido de la pesada deuda pública. Los excesivos gastos del estado monárquico no sólo garantizaron la pervivencia de una burocracia adicta y el avituallamiento de un ejército permanente, sino también el fortalecimiento de las redes funcionales de la corrupción tanto en metrópoli como en las colonias. En esta dinámica los desbarajustes producidos en el erario obligaron a echar mano de la masa tributaria. El incremento de los impuestos generó un efecto búmeran para el aparato estatal pues hasta cierto punto galvanizaron las arcas públicas, pero los conflictos sociales siguieron una espiral de violencia sin retorno hasta la concreción de una malquerida independencia. El escenario internacional se presenta no sólo como una guerra por la consolidación territorial, sino también como un combate directo a nivel comercial entre los jóvenes estados y monarquías europeas. Así, en el siglo XVII se produce una depresión comercial que tendrá como causa principal la confluencia de dos procesos negativos para la economía europea. En primer lugar, la caída de la producción de plata de las minas de América y en segundo lugar el exceso de stocks en el mercado del oriente. Con ello, dos de las rutas comerciales más importantes para Europa entraron en un proceso de franca crisis. Empero, al alimón de estos eventos tanto el establishment inglés como el holandés estructuraron un paquete de medidas eficaces que les permitió vadear la crisis y consolidar sus respectivas economías. Es así como el proceso inflacionario del siglo XVII sólo perjudicará a las economías más vulnerables, entre ellas tanto la de la monarquía española, como la de los estados italianos. El sociólogo alemán Niklas Luhmann para darle consistencia a la teoría de los sistemas sociales, muy alejada de las tesis de Talcott Parsons y Ralph Dahrendorf, nos propone la categoría de autopoiesis, circunscrita a la creación de elementos propios del sistema que salvaguardan la continuidad y la integridad del mismo a pesar de los estadios de crisis, con lo cual le otorga un grado mayor de funcionalidad a los sistemas aduciendo una dinámica propia de generación y autorregulación. Intertextualizando este criterio podremos decir que las monarquías modernas del siglo XVII, en el contexto de crisis estructural del sistema urgieron de soluciones efectivas con miras de evitar sobre todo un estallido social semejante al de las guerras campesinas de 1525. Es así como a nivel del programa ideológico ocurre un viraje importante al posicionarse las tesis de una mayor presencia del estado en la economía. Los mecanismos proteccionistas permitirán la concreción de una clase dirigente tendiente a generar focos de desarrollo fabril, control monetario, unidad económica del país y orden en las finanzas. Por lo menos la fórmula funcionó en el eje del mar del Norte donde las burguesías de Inglaterra y Holanda fortalecieron un área comercial capaz de desplazar al antiguo eje mercantil situado en el Mediterráneo. Mientras en el campo como en las épocas del colapso de la Roma imperial la aristocracia se lanzará en la búsqueda de tierras con miras de fortalecer su posición social al amparo de una monarquía absolutista ávida de marionetas que actúen como resortes del poder en la dinámica del control social sobre las masas. En suma, los efectos de la crisis del siglo XVII favorecerán el proceso de fortalecimiento del capitalismo, sobre todo en Holanda e Inglaterra, llegando incluso este último a viabilizar una revolución industrial que marcaría la historia del siglo XVIII. Igualmente, a partir de las secuelas de esta crisis se puede explicar la debacle financiera de España quien echará mano del incremento tributario a partir de un programa encabezado por la casa de los Borbón; ello sin dejar de lado el in crescendo de los conflictos sociales en Francia como producto del choque entre los intereses de la burguesía y la nobleza, los cuales desencadenarán los procesos revolucionarios del siglo XVIII.

lunes, 11 de enero de 2010

¿Qué se entiende por moral, y cuál es su aporte en la dinámica del proceso pedagógico?

Lima-Perú. adelantecronopio@hotmail.com http://cronopiocortazar.blogspot.com Delimitar el concepto de moral es un trabajo por demás arduo y complicado. El enfoque para el estudio del mencionado semema podría partir desde una óptica filosófica hasta recalar en las dehesas del análisis científico social, psicológico-pedagógico e incluso jurídico-político. La literatura sobre esta profunda temática nos presenta una amplia gama de perspectivas para entender y comprender el concepto de moral, siempre teniendo como elemento teleológico, en el marco de nuestras disquisiciones pedagógicas, el desarrollo del proceso educativo. Ahora, desde la perspectiva de Xavier Zubiri podemos manifestar que a lo largo de la historia el hombre ha intentado darle respuesta a un sinnúmero de problemas que lo aquejan. Bajo un análisis que nos trae a la memoria las categorías de ‘incitación’ y ‘respuesta’ de Arnold Toynbee, Zubiri nos plantea que en el hombre siempre ha existido una suerte de protomoral, la misma que le ha permitido desarrollarse como ser humano en una constante interrelación con el medio geográfico y social. La realidad circundante estimula al ser humano, y lo obliga a dar respuesta a partir del surgimiento de posibilidades elegibles. El hombre optará siempre por una de ellas bajo una justificación racional. Este proceso electivo genera a su vez un compromiso y una responsabilidad con los efectos que se produzcan a partir de esta dinámica. Se colige que el ser humano tiene que optar entre hacer lo correcto o lo incorrecto, siempre ciñéndose a un juicio racional capaz de sopesar la importancia del contexto social y la especificidad cultural, amén de ir asumiendo como suyos los referentes dignos de respeto social. De aquí podemos desprender el concepto de moral; como apunta Adela Cortina el mismo sería la capacidad para enfrentar la vida en abierta oposición a ‘desmoralización’. La prédica de la doctora Cortina nos trae a la memoria los postulados vitalistas de Henry Bergson. Para Adela Cortina es importante que una sociedad se muestre con ‘altura moral’, es decir, que sus niveles de autoreflexión y de diálogo intersubjetivo sean altos. Verbi gracia de ello sería la sociedad norteamericana, donde hasta la actualidad coexisten, políticamente hablando, ideas conservadoras y progresistas en un tejido social muy diverso. Para John Rawls es esa coexistencia pacífica y democrática la que permite sustentar no sólo el apparatchik político de la nación, sino sobre todo su pervivencia en el futuro. Entonces, la moral se halla en nosotros. Los seres humanos somos los únicos con la capacidad para discernir entre hacer algo porque creemos que es bueno y no hacer otra cosa a la que juzgamos de mala o sujeta a desprecio y descalificación de la sociedad. Ahora, en este conjunto de ideas el autoconocimiento es la piedra de toque para comprender la moral. A partir de aquí la sinergia de la eticidad discursiva con los procesos educativos se hace muy notoria. Por ello, ya desde las esferas del accionar pedagógico, el proceso educativo debe ser intenso en todos los ámbitos que involucren el desarrollo del niño. La moral cumple un rol fundamental en el proceso educativo. El cúmulo de ideas o referentes paradigmáticos de aprobación por parte de una sociedad son claves para un adecuado y eficaz aprendizaje del infante. Se desprende la necesidad de dinamizar procesos de aculturación como vía para el surgimiento de ciudadanos analíticos, críticos, libres y conscientes de su realidad. De otro lado, un Estado con ‘altura moral’ es aquel que viabiliza políticas educativas capaces de generar focos de debate y discusión en torno a la problemática nacional. Ello propicia el surgimiento de ciudadanos con ‘altura moral’, reflexivos, dialogantes, asertivos y prospectivos. Ese trabajo se vincula con el accionar de la familia, los medios de comunicación, la clase política y la sociedad civil. En su conjunto. Todos los resortes del poder deben de promover una adecuada educación en valores que fortalezca a cada miembro de la sociedad. Así mismo, el autoconocimiento implica también poder entender los pareceres y cosmovisiones del otredad. La capacidad dialógica entre los seres humanos se fundamenta a partir del manejo de un código lingüístico flexible, el mismo que tiene como elemento primordial la capacidad de ‘ponerse en el lugar del otro’. Ello generará lo que Kohlberg ha denominado ‘punto de vista moral’. La dinámica dialógica, dentro de un esquema de equilibrio y respeto por los derechos de los actores sociales garantiza un proceso comunicacional más democrático tendiente a propiciar soluciones discursivas que acerquen a las partes. Como bien dice Martínez Martín es importante el desarrollo de una educación como optimización humana, y para ello los procesos educativos deben tener como guía los argumentos teleológicos de la moral. En el marco de una dimensión proyectiva los procesos educativos deben contribuir en afirmar y fortalecer la personalidad cognitiva y social de los alumnos. Esto permitirá el crecimiento exponencial de la autoestima y el surgimiento de nuevas posibilidades de progreso económico y desarrollo académico. Un mayor vínculo familiar y amical serán finalmente los demiurgos de una sociedad plena de felicidad en donde la solidaridad se constituirá en el valor más importante que sostenga la moral de un pueblo. Este compromiso lo asume la persona desde una dimensión introyectiva. Además, desde la perspectiva del aprendizaje metacognitivo el ser humano reflexiona acerca de su propia conducta, de si ésta es adecuada o no lo es. El signo distintivo de esta autoconsciencia o autoconcepto es el comprender que no somos uno solo, sino por el contrario nos constituimos en un conjunto de seres humanos con múltiples diferencias las cuales nos permiten enriquecernos mutuamente en el contexto de una interrelación dialógica transparente, contante y democrática. Esto implica también el reconocernos como seres cosmopolitas capaces de asumir una posición y un compromiso respecto de la problemática económica, social, política, medio-ambiental, educativa, científica y cultural de nuestra aldea global. Por ello, creo que el papel del maestro en el aula es decisivo. Él se constituye en el propiciador del debate en relación a la praxis de la moral. Los contenidos vertidos por el maestro generan un foco de atención capaz de viabilizar discusiones constructoras de aprendizaje. Todo ello es posible en un sistema democrático que garantice el libre ejercicio de la heurística crítica. De lo que se trata es de acercar a los seres humanos en cuanto tales. Este objetivo se posibilita, según las apreciaciones de Kohlberg y Selman, a través del desarrollo y aprendizaje del niño dentro de un conjunto de estadios muy marcados. Arribar hacia el fortalecimiento de los vínculos solidarios es el objetivo de los procesos educativos guiados por la moral. Lo que se busca es generar una moral autónoma capaz de hilvanar un permanente y laborioso diálogo intersubjetivo. A este nivel podríamos hablar de la creación de una ‘personalidad moral’ basada en elementos claves como el carácter, la conducta, los valores, el razonamiento y las emociones, como bien lo detalla Marvin Berkowitz. Al amparo de una ‘comunidad justa’ el proyecto de generar una ‘personalidad moral’ se hace más factible. Comprender la importancia de la alteridad, de los valores como la solidaridad, de los derechos humanos y de la felicidad como fin ha alcanzar son los objetivos de una educación en esencia moral. La moral es creación eminentemente humana, por tanto, en el devenir histórico las condiciones materiales de la persona repercutirán sobremanera en la dinámica de la ‘altura moral’, y en la caracterología de la ‘personalidad moral’, la cual se moviliza en contextos fenomenológicos muy disímiles y siempre carentes de una lógica enraizada en un discurso desde la aplicabilidad de la justicia. Finalmente, podemos afirmar que nuestros proyectos y cosmovisiones prospectivas suelen constituirse en categorías kantianas; incluso desde lo político es evidente un cierto rasgo de socialdemocracia rawlsiana. Adolecemos de una perspectiva quimérica y poco realista respecto de los problemas que aquejan a nuestros pueblos. Como correlato de ello las prácticas políticas desde la institucionalidad se fracturan llegando a mellar los vasos comunicantes entre lo político y el accionar de la sociedad civil. Es así que, la praxis de la corrupción en los niveles más elevados de la institucionalidad quiebra los discursos jurídico-políticos del establishment y debilita el tejido social abriendo un camino irrefrenable hacia lo que Durkheim denominó: anomia. Urge no sólo resignificar los discursos de la eticidad, sino también hacer palmario un ejercicio más consciente de la praxis moral, sobre todo en la dinámica de los procesos educativos. No se trata de crear un sistema al estilo de Girolamo Savonarola, sino más bien de adquirir una dosis mayor de compromiso y voluntad no sólo política, sino también social respecto de la materialización de una conducta humana, personal y ciudadana más acorde con los paradigmas del discurso ético, cuyas bases ontológicas se hallan en los procesos de enseñanza-aprendizaje irradiados por el accionar del docente y la operatividad de la escuela.

jueves, 3 de diciembre de 2009

La crisis del siglo XIV entre el apocalipsis terrenal y los conflictos político-sociales de la Europa occidental.

¡Aut vincere, aut mori! (¡O vencer, o morir!) Esta frase latina podría resumir grosso modo la etapa crítica del siglo XIV. Las estructuras económicas y sociales entraron en un proceso de deterioro irrefrenable. Los estados nacientes se lanzan hacia una brutal campaña militar en búsqueda de la hegemonía, necesaria para su consolidación y posterior expansión. Las masas urbanas y la población campesina generan revueltas en oposición a los designios de la aristocracia terrateniente. Toda la agitación social terminará ahogada en sangre. Por ello, qué duda cabe la crisis del siglo XIV evidenció un punto de quiebre en el proceso histórico de Europa occidental. Como bien lo afirmara Georges Duby desde el siglo XII hasta fines del siglo XIII Europa se halla en su mejor momento. Un cambio climático favorable para la producción agrícola permitirá el desarrollo económico de una poderosa aristocracia, y en las urbes surgirá la burguesía. Empero, esta etapa a la que Duby denomina de ‘dicha’ culminará trágicamente. Un nuevo giro en las condiciones geográfico-ambientales hará que la temperatura disminuya progresivamente, lo cual perjudicará la producción agrícola. Así lo señalan Romano y Tenenti cuando manifiestan que se instala en el escenario rural un proceso destructivo a partir de la dinámica conjunta de las variables carestía y peste. La carestía de productos de pan llevar necesarios para la alimentación de los campesinos desencadenará una creciente migración del campo hacia la ciudad. La falta sobre todo de trigo obligará a los campesinos a migrar a la ciudad en búsqueda de trabajo y alimentos. Esto generará un total descontrol en las ciudades, al punto de desembocar en mayores problemas sociales como producto de las pésimas condiciones de salud y del hacinamiento de las masas. A esto se suma el flagelo de las enfermedades cuyo tratamiento no sólo era costoso, sino incluso impensable debido a los escasos o nulos estudios en el campo de la medicina. Romano y Tenenti también afirman que la población descendió a niveles alarmantes como efecto de la dinámica carestía-peste. En el caso de las ciudades, como ya lo manifestamos, el hacinamiento de las masas populares posibilitó el recrudecimiento de focos infecciosos que diezmaron a la población. Es así, que la peste negra encontró una Europa deleznable: poblacional y económicamente. Como bien se afirma no fueron las ratas las culpables directas de la dispersión a ultranza de esta enfermedad, sino las condiciones materiales en las cuales se desenvolvió. Esto incluye los malos manejos en cuanto a políticas de salud debido al poco interés por la investigación científica como correlato del freno doctrinario del aparato católico y el peso específico de la universidad cooptada por la filosofía escolástica. Así mismo, el siglo XIV es el acabose del poder real de la aristocracia terrateniente. Mutatis mutandis es el santo y seña de la clase nobiliaria. La crisis agrícola erosiona los cimientos de la vieja feudalidad. La nobleza mutará siguiendo la secuencia gatopardista del príncipe de Lampedusa: cambiar todo para que no cambie nada. En el nuevo escenario político comienzan a estructurarse las redes de dominación palaciega, donde el despilfarro y la concupiscencia áulica serán las bases ideológicas de ese engendro denominado ancien regime. El pacto con el programa político del emergente Estado moderno le otorgará a la nobleza una renovada caracterología reaccionaria como correlato del despliegue de sus fuerzas ideológicas. La clase nobiliaria y sus requiebros mentales y conductuales pasarán a engrosar los baluartes ideológicos del armatoste estatal. Así, se convierten en un apéndice necesario para el control ideológico de las masas. Entonces, de facto el ancien regime comienza a erosionar las valetudinarias bases del tejido social. Ante ello, los sectores mayoritarios desencadenarán movilizaciones sociales con miras de frenar los abusos de la nobleza palaciega. Ahora, no todos los nobles se auparon a las espaldas de la monarquía absoluta. Algunos fueron arrasados del mapa como efecto de los alzamientos campesinos, la crisis agrícola y la nueva praxis jurídico-contractual que otorgaba la tierra a los antiguos siervos en calidad de bien inmueble arrendado. Este alquiler de la tierra a cambio de dinero originó el declive del poder señorial y el surgimiento de un pequeño campesino libre con un interesante poder adquisitivo que le permitía comprar en las ciudades, incluso movilizarse con miras de generar una actividad comercial propia. De otro lado, la guerra de los cien años fue una disputa político militar que ahondó más la crisis económica y social del siglo de marras. Este enfrentamiento bélico afecto sobremanera al campesinado, ya que sus cosechas eran decomisadas para abastecer a las milicias del leviatán. El estado de guerra permanente perjudicó los intereses no sólo de los campesinos, sino también los del pequeño artesano en las ciudades, ya que sus rutas de comercialización terminaban casi siempre bloqueadas. Empero, esta guerra que hizo más brutal las secuelas de la crisis del siglo XIV evidenció un posicionamiento del Estado moderno. Los ejércitos imperiales se profesionalizan, y la lucha es ahora por la hegemonía y el control de un territorio con miras de efectivizar el desarrollo estatal.

martes, 10 de noviembre de 2009

El hombre de derecho como activo defensor del sistema democrático.

Según Robert Dahl: “Las perspectivas de una democracia estable en un país se ven potenciadas si sus ciudadanos y líderes defienden con fuerza las ideas, valores y prácticas democráticas. El apoyo más fiable se produce cuando estos valores están arraigados en la cultura del país y se transmiten. (…) Esto es una cultura democrática que contribuye a formar ciudadanos” Aunándonos al sentir de Robert Dahl debemos hacer hincapié en rol protagónico de los abogados como ciudadanos líderes en la defensa de los ideales de la democracia. Los abogados irradian valores éticos y jurídicos los cuales son asumidos como referentes a seguir por los ciudadanos. El abogado tiene que ser conciente de su responsabilidad pedagógica en la sociedad. Así mismo, urge propiciar en la población un sentimiento de adherencia al lenguaje democrático, de tal forma que la interiorización de este discurso aglutine a todos los miembros de la comunidad. De allí, entonces, la importancia de promover una cultura democrática basada en unaeducación humanística que permita comprender, en un contexto de paz social, los objetivos y la finalidad del Estado de derecho.

martes, 3 de noviembre de 2009

Informe acerca del XII Congreso Nacional de Estudiantes de Educación: Ica 2009.

Lima-Perú. http://cronopiocortazar.blogspot.com “Video meliora proboque, deteriora sequor”. Esta frase latina pareciera haber sido el santo y seña de los organizadores del reciente XII Congreso Nacional de Estudiantes de Educación (CONEED), realizado en la ciudad de Ica, entre los días diecisiete y veintiuno de agosto del año en curso. El campo de Agramante en el que se desenvolvió el citado congreso no es sólo el corolario del accionar incurioso de una camarilla, sino el resultado de una total inoperancia de las instituciones encargadas de la veeduría y fiscalización del mismo. Recordemos que el fiasco de este año fue procreado en la ciudad de Iquitos, donde la praxis demagógica del “verba volant” de algunos estudiantes le otorgó un cariz casi surrealista a la propuesta de la universidad San Luis Gonzaga de Ica como nueva sede congresal. Demás está hablar acerca de los singulares ambientes utilizados para el desarrollo del evento, así como de la ausencia de algunos ponentes en los días centrales. Creo que todo ello es un aserto mondo y lirondo conocido por cada uno de los estudiantes congresistas. El problema es más profundo que todas estas verdades de marras. Tiene que ver con una total y absoluta preeminencia del factor improvisación. Queda claro que los responsables directos de este espectáculo de guiñol son los miembros de la organización. Ahora, en lo que respecta a las conferencias magistrales fue toda una interesante muestra simbólica de un circo romano. Las conferencias adolecieron del peso específico de una henchida, y a veces soberbia carga ideológica, amén de las desgañitadas voces del paroxismo partidario. Esto no quiere decir que lo político debe apartarse de la temática educativa. Muy por el contrario, el vínculo entre ambas esferas del quehacer científico debe de acortarse, al punto de desarrollar una sinergia necesaria entre sus construcciones teleológicas, la eticidad de sus proyectos y la envergadura de sus discursos vinculados a la realidad nacional. Empero, lo que se vio en Ica fue la competencia por la hegemonía partidaria de un grupúsculo de personas que por años dicen enarbolar los intereses de la masa estudiantil. Es importante señalar que a pesar de las diferencias ideológicas primó el abierto y democrático ejercicio de la praxis heurística. Obviamente el debate muchas veces dejó de ser trascendente para pasar a convertirse en un deplorable escenario de acusaciones y calumnias. Así, el ponente José Lora Cam rompió fuegos el lunes diecisiete durante la inauguración del congreso. En horas de la mañana comenzó a desarrollar su exposición intitulada Fundamentos filosóficos y epistemológicos de la educación. Con un lenguaje ciertamente acre y virulento, a veces incluso montaraz, el profesor Lora Cam comenzó a deslizar un sinnúmero de ideas vinculadas a la ontología de la praxis educativa. Desde una perspectiva marxista Lora insistió en la necesidad de un cambio profundo en las estructuras económicas y sociales de nuestro país con miras de hilvanar soluciones a la problemática educativa. Estas ideas no son nuevas ya que el talante de José Carlos Mariátegui prodigó primigeniamente las mismas hace más de medio siglo. Quizás lo más rescatable, tal vez lo único, del profesor Lora sea su flamígera y furibunda defensa del marxismo, por lo menos en tiempos de tanta hipocresía política globalizada. Es interesante su manejo de las categorías a nivel del lenguaje filosófico y en las dehesas de lo político, como correlato de la dinámica del fenómeno educativo. El profesor Lora es además un baqueano en el arte de la polémica. El congreso le permitió desplegar todo un cúmulo de adjetivos bienhadados que representan la dureza del discurso desde la resistencia. Teniendo como demiurgos las esferas de la alteridad los planteamientos de Lora ostentan una fuerza incomparable, al punto de poner en evidencia los deleznables cimientos del pensamiento único. Las tesis del marxismo pueden ser criticables, qué duda cabe. Empero, lo que le otorga singularidad a las disquisiciones de Lora son la profundidad y la transparencia de sus argumentos. Muchos de ellos pueden ser tildados de jacobinos y quiméricos. Pero, son ideas que abren un abanico de posibilidades para darle erklaren, explicación seria y novedosa a la realidad nacional. Es cierto que el profesor Lora suele desbordar en epítetos descalificando a parte importante de la clase política urbi et orbi. Sin embargo, las diatribas no son gratuitas. Siguiendo el pensamiento de Nietzsche sentenciamos que la palabra más soez y la carta más grosera son más educadas que el silencio. De otro lado, el día dieciocho hizo su aparición el señor Ollanta Humala quien desplegó todo un arsenal de conocimientos en torno a la historia y la política de nuestro país. Su ponencia se intituló Alternativas de la pobreza social y educativa. Las palabras de Humala nos hicieron recordar que estábamos próximos a una contienda electoral. Por ello, desde la otra orilla, con la ponencia denominada Políticas educativas y el proyecto educativo nacional, Lourdes Flores Nano ponía la carne en el asador el día diecinueve de agosto. Las galerías estaban desconcertadas al observar a una respetable dirigente de derecha convertida en una complaciente Estela Martínez de Perón. Parecía la reencarnación de un intelectual de la socialdemocracia. El mismísimo círculo de Frankfurt hubiese envidiado las maromas discursivas de la doctora Flores. Las líneas teóricas adquiridas en el proceso y la dinámica del conservadurismo católico, así como su apuesta por el neoliberalismo a ultranza brillaron por su ausencia. Es evidente que el cálculo político tuvo un mayor peso a la hora de transformar el escenario académico en una tribuna de propuestas partidarias, siempre con el objetivo de cooptar y canalizar la voluntad de algunos votantes. Finalmente, debemos apuntar que las demás ponencias dejaron mucho que desear. Es de triste recordación una que tuvo lugar el último día del congreso. Con su exposición el ponente de nombre Dervy Jiménez le otorgó un nuevo sinónimo al semema sofista. Por un momento creímos estar en el atrio de una iglesia administrada por Johann Tetzel. Incluso nos invadió la duda de saber si estábamos en un congreso de estudiantes o en el anfiteatro de algún yuppie adinerado siendo demolidos por los lúbricos circunloquios y los arrebatos discursivos de un arrendajo de Coehlo y Cornejo. No cabe duda que el balance general del congreso realizado en Ica, muy a mi pesar, es negativo. Sin embargo, es menester rescatar algunas exposiciones estudiantiles que generaron el debate profundo y pertinente de las ideas en torno a la problemática educativa. Así mismo, existen muchos motivos para felicitar a la población de Ica, quizás el más importante esté relacionado con el buen trato y el respeto al turista. Esperemos que los organizadores del próximo congreso, el mismo que se realizará en la ciudad de Chiclayo, tengan a bien evaluar seriamente la importancia de su trabajo, ya que de ello depende la consolidación de un proyecto discursivo desde las esferas del lenguaje académico y la praxis política.