lunes, 11 de enero de 2010

¿Qué se entiende por moral, y cuál es su aporte en la dinámica del proceso pedagógico?

Lima-Perú. adelantecronopio@hotmail.com http://cronopiocortazar.blogspot.com Delimitar el concepto de moral es un trabajo por demás arduo y complicado. El enfoque para el estudio del mencionado semema podría partir desde una óptica filosófica hasta recalar en las dehesas del análisis científico social, psicológico-pedagógico e incluso jurídico-político. La literatura sobre esta profunda temática nos presenta una amplia gama de perspectivas para entender y comprender el concepto de moral, siempre teniendo como elemento teleológico, en el marco de nuestras disquisiciones pedagógicas, el desarrollo del proceso educativo. Ahora, desde la perspectiva de Xavier Zubiri podemos manifestar que a lo largo de la historia el hombre ha intentado darle respuesta a un sinnúmero de problemas que lo aquejan. Bajo un análisis que nos trae a la memoria las categorías de ‘incitación’ y ‘respuesta’ de Arnold Toynbee, Zubiri nos plantea que en el hombre siempre ha existido una suerte de protomoral, la misma que le ha permitido desarrollarse como ser humano en una constante interrelación con el medio geográfico y social. La realidad circundante estimula al ser humano, y lo obliga a dar respuesta a partir del surgimiento de posibilidades elegibles. El hombre optará siempre por una de ellas bajo una justificación racional. Este proceso electivo genera a su vez un compromiso y una responsabilidad con los efectos que se produzcan a partir de esta dinámica. Se colige que el ser humano tiene que optar entre hacer lo correcto o lo incorrecto, siempre ciñéndose a un juicio racional capaz de sopesar la importancia del contexto social y la especificidad cultural, amén de ir asumiendo como suyos los referentes dignos de respeto social. De aquí podemos desprender el concepto de moral; como apunta Adela Cortina el mismo sería la capacidad para enfrentar la vida en abierta oposición a ‘desmoralización’. La prédica de la doctora Cortina nos trae a la memoria los postulados vitalistas de Henry Bergson. Para Adela Cortina es importante que una sociedad se muestre con ‘altura moral’, es decir, que sus niveles de autoreflexión y de diálogo intersubjetivo sean altos. Verbi gracia de ello sería la sociedad norteamericana, donde hasta la actualidad coexisten, políticamente hablando, ideas conservadoras y progresistas en un tejido social muy diverso. Para John Rawls es esa coexistencia pacífica y democrática la que permite sustentar no sólo el apparatchik político de la nación, sino sobre todo su pervivencia en el futuro. Entonces, la moral se halla en nosotros. Los seres humanos somos los únicos con la capacidad para discernir entre hacer algo porque creemos que es bueno y no hacer otra cosa a la que juzgamos de mala o sujeta a desprecio y descalificación de la sociedad. Ahora, en este conjunto de ideas el autoconocimiento es la piedra de toque para comprender la moral. A partir de aquí la sinergia de la eticidad discursiva con los procesos educativos se hace muy notoria. Por ello, ya desde las esferas del accionar pedagógico, el proceso educativo debe ser intenso en todos los ámbitos que involucren el desarrollo del niño. La moral cumple un rol fundamental en el proceso educativo. El cúmulo de ideas o referentes paradigmáticos de aprobación por parte de una sociedad son claves para un adecuado y eficaz aprendizaje del infante. Se desprende la necesidad de dinamizar procesos de aculturación como vía para el surgimiento de ciudadanos analíticos, críticos, libres y conscientes de su realidad. De otro lado, un Estado con ‘altura moral’ es aquel que viabiliza políticas educativas capaces de generar focos de debate y discusión en torno a la problemática nacional. Ello propicia el surgimiento de ciudadanos con ‘altura moral’, reflexivos, dialogantes, asertivos y prospectivos. Ese trabajo se vincula con el accionar de la familia, los medios de comunicación, la clase política y la sociedad civil. En su conjunto. Todos los resortes del poder deben de promover una adecuada educación en valores que fortalezca a cada miembro de la sociedad. Así mismo, el autoconocimiento implica también poder entender los pareceres y cosmovisiones del otredad. La capacidad dialógica entre los seres humanos se fundamenta a partir del manejo de un código lingüístico flexible, el mismo que tiene como elemento primordial la capacidad de ‘ponerse en el lugar del otro’. Ello generará lo que Kohlberg ha denominado ‘punto de vista moral’. La dinámica dialógica, dentro de un esquema de equilibrio y respeto por los derechos de los actores sociales garantiza un proceso comunicacional más democrático tendiente a propiciar soluciones discursivas que acerquen a las partes. Como bien dice Martínez Martín es importante el desarrollo de una educación como optimización humana, y para ello los procesos educativos deben tener como guía los argumentos teleológicos de la moral. En el marco de una dimensión proyectiva los procesos educativos deben contribuir en afirmar y fortalecer la personalidad cognitiva y social de los alumnos. Esto permitirá el crecimiento exponencial de la autoestima y el surgimiento de nuevas posibilidades de progreso económico y desarrollo académico. Un mayor vínculo familiar y amical serán finalmente los demiurgos de una sociedad plena de felicidad en donde la solidaridad se constituirá en el valor más importante que sostenga la moral de un pueblo. Este compromiso lo asume la persona desde una dimensión introyectiva. Además, desde la perspectiva del aprendizaje metacognitivo el ser humano reflexiona acerca de su propia conducta, de si ésta es adecuada o no lo es. El signo distintivo de esta autoconsciencia o autoconcepto es el comprender que no somos uno solo, sino por el contrario nos constituimos en un conjunto de seres humanos con múltiples diferencias las cuales nos permiten enriquecernos mutuamente en el contexto de una interrelación dialógica transparente, contante y democrática. Esto implica también el reconocernos como seres cosmopolitas capaces de asumir una posición y un compromiso respecto de la problemática económica, social, política, medio-ambiental, educativa, científica y cultural de nuestra aldea global. Por ello, creo que el papel del maestro en el aula es decisivo. Él se constituye en el propiciador del debate en relación a la praxis de la moral. Los contenidos vertidos por el maestro generan un foco de atención capaz de viabilizar discusiones constructoras de aprendizaje. Todo ello es posible en un sistema democrático que garantice el libre ejercicio de la heurística crítica. De lo que se trata es de acercar a los seres humanos en cuanto tales. Este objetivo se posibilita, según las apreciaciones de Kohlberg y Selman, a través del desarrollo y aprendizaje del niño dentro de un conjunto de estadios muy marcados. Arribar hacia el fortalecimiento de los vínculos solidarios es el objetivo de los procesos educativos guiados por la moral. Lo que se busca es generar una moral autónoma capaz de hilvanar un permanente y laborioso diálogo intersubjetivo. A este nivel podríamos hablar de la creación de una ‘personalidad moral’ basada en elementos claves como el carácter, la conducta, los valores, el razonamiento y las emociones, como bien lo detalla Marvin Berkowitz. Al amparo de una ‘comunidad justa’ el proyecto de generar una ‘personalidad moral’ se hace más factible. Comprender la importancia de la alteridad, de los valores como la solidaridad, de los derechos humanos y de la felicidad como fin ha alcanzar son los objetivos de una educación en esencia moral. La moral es creación eminentemente humana, por tanto, en el devenir histórico las condiciones materiales de la persona repercutirán sobremanera en la dinámica de la ‘altura moral’, y en la caracterología de la ‘personalidad moral’, la cual se moviliza en contextos fenomenológicos muy disímiles y siempre carentes de una lógica enraizada en un discurso desde la aplicabilidad de la justicia. Finalmente, podemos afirmar que nuestros proyectos y cosmovisiones prospectivas suelen constituirse en categorías kantianas; incluso desde lo político es evidente un cierto rasgo de socialdemocracia rawlsiana. Adolecemos de una perspectiva quimérica y poco realista respecto de los problemas que aquejan a nuestros pueblos. Como correlato de ello las prácticas políticas desde la institucionalidad se fracturan llegando a mellar los vasos comunicantes entre lo político y el accionar de la sociedad civil. Es así que, la praxis de la corrupción en los niveles más elevados de la institucionalidad quiebra los discursos jurídico-políticos del establishment y debilita el tejido social abriendo un camino irrefrenable hacia lo que Durkheim denominó: anomia. Urge no sólo resignificar los discursos de la eticidad, sino también hacer palmario un ejercicio más consciente de la praxis moral, sobre todo en la dinámica de los procesos educativos. No se trata de crear un sistema al estilo de Girolamo Savonarola, sino más bien de adquirir una dosis mayor de compromiso y voluntad no sólo política, sino también social respecto de la materialización de una conducta humana, personal y ciudadana más acorde con los paradigmas del discurso ético, cuyas bases ontológicas se hallan en los procesos de enseñanza-aprendizaje irradiados por el accionar del docente y la operatividad de la escuela.

jueves, 3 de diciembre de 2009

La crisis del siglo XIV entre el apocalipsis terrenal y los conflictos político-sociales de la Europa occidental.

¡Aut vincere, aut mori! (¡O vencer, o morir!) Esta frase latina podría resumir grosso modo la etapa crítica del siglo XIV. Las estructuras económicas y sociales entraron en un proceso de deterioro irrefrenable. Los estados nacientes se lanzan hacia una brutal campaña militar en búsqueda de la hegemonía, necesaria para su consolidación y posterior expansión. Las masas urbanas y la población campesina generan revueltas en oposición a los designios de la aristocracia terrateniente. Toda la agitación social terminará ahogada en sangre. Por ello, qué duda cabe la crisis del siglo XIV evidenció un punto de quiebre en el proceso histórico de Europa occidental. Como bien lo afirmara Georges Duby desde el siglo XII hasta fines del siglo XIII Europa se halla en su mejor momento. Un cambio climático favorable para la producción agrícola permitirá el desarrollo económico de una poderosa aristocracia, y en las urbes surgirá la burguesía. Empero, esta etapa a la que Duby denomina de ‘dicha’ culminará trágicamente. Un nuevo giro en las condiciones geográfico-ambientales hará que la temperatura disminuya progresivamente, lo cual perjudicará la producción agrícola. Así lo señalan Romano y Tenenti cuando manifiestan que se instala en el escenario rural un proceso destructivo a partir de la dinámica conjunta de las variables carestía y peste. La carestía de productos de pan llevar necesarios para la alimentación de los campesinos desencadenará una creciente migración del campo hacia la ciudad. La falta sobre todo de trigo obligará a los campesinos a migrar a la ciudad en búsqueda de trabajo y alimentos. Esto generará un total descontrol en las ciudades, al punto de desembocar en mayores problemas sociales como producto de las pésimas condiciones de salud y del hacinamiento de las masas. A esto se suma el flagelo de las enfermedades cuyo tratamiento no sólo era costoso, sino incluso impensable debido a los escasos o nulos estudios en el campo de la medicina. Romano y Tenenti también afirman que la población descendió a niveles alarmantes como efecto de la dinámica carestía-peste. En el caso de las ciudades, como ya lo manifestamos, el hacinamiento de las masas populares posibilitó el recrudecimiento de focos infecciosos que diezmaron a la población. Es así, que la peste negra encontró una Europa deleznable: poblacional y económicamente. Como bien se afirma no fueron las ratas las culpables directas de la dispersión a ultranza de esta enfermedad, sino las condiciones materiales en las cuales se desenvolvió. Esto incluye los malos manejos en cuanto a políticas de salud debido al poco interés por la investigación científica como correlato del freno doctrinario del aparato católico y el peso específico de la universidad cooptada por la filosofía escolástica. Así mismo, el siglo XIV es el acabose del poder real de la aristocracia terrateniente. Mutatis mutandis es el santo y seña de la clase nobiliaria. La crisis agrícola erosiona los cimientos de la vieja feudalidad. La nobleza mutará siguiendo la secuencia gatopardista del príncipe de Lampedusa: cambiar todo para que no cambie nada. En el nuevo escenario político comienzan a estructurarse las redes de dominación palaciega, donde el despilfarro y la concupiscencia áulica serán las bases ideológicas de ese engendro denominado ancien regime. El pacto con el programa político del emergente Estado moderno le otorgará a la nobleza una renovada caracterología reaccionaria como correlato del despliegue de sus fuerzas ideológicas. La clase nobiliaria y sus requiebros mentales y conductuales pasarán a engrosar los baluartes ideológicos del armatoste estatal. Así, se convierten en un apéndice necesario para el control ideológico de las masas. Entonces, de facto el ancien regime comienza a erosionar las valetudinarias bases del tejido social. Ante ello, los sectores mayoritarios desencadenarán movilizaciones sociales con miras de frenar los abusos de la nobleza palaciega. Ahora, no todos los nobles se auparon a las espaldas de la monarquía absoluta. Algunos fueron arrasados del mapa como efecto de los alzamientos campesinos, la crisis agrícola y la nueva praxis jurídico-contractual que otorgaba la tierra a los antiguos siervos en calidad de bien inmueble arrendado. Este alquiler de la tierra a cambio de dinero originó el declive del poder señorial y el surgimiento de un pequeño campesino libre con un interesante poder adquisitivo que le permitía comprar en las ciudades, incluso movilizarse con miras de generar una actividad comercial propia. De otro lado, la guerra de los cien años fue una disputa político militar que ahondó más la crisis económica y social del siglo de marras. Este enfrentamiento bélico afecto sobremanera al campesinado, ya que sus cosechas eran decomisadas para abastecer a las milicias del leviatán. El estado de guerra permanente perjudicó los intereses no sólo de los campesinos, sino también los del pequeño artesano en las ciudades, ya que sus rutas de comercialización terminaban casi siempre bloqueadas. Empero, esta guerra que hizo más brutal las secuelas de la crisis del siglo XIV evidenció un posicionamiento del Estado moderno. Los ejércitos imperiales se profesionalizan, y la lucha es ahora por la hegemonía y el control de un territorio con miras de efectivizar el desarrollo estatal.

martes, 10 de noviembre de 2009

El hombre de derecho como activo defensor del sistema democrático.

Según Robert Dahl: “Las perspectivas de una democracia estable en un país se ven potenciadas si sus ciudadanos y líderes defienden con fuerza las ideas, valores y prácticas democráticas. El apoyo más fiable se produce cuando estos valores están arraigados en la cultura del país y se transmiten. (…) Esto es una cultura democrática que contribuye a formar ciudadanos” Aunándonos al sentir de Robert Dahl debemos hacer hincapié en rol protagónico de los abogados como ciudadanos líderes en la defensa de los ideales de la democracia. Los abogados irradian valores éticos y jurídicos los cuales son asumidos como referentes a seguir por los ciudadanos. El abogado tiene que ser conciente de su responsabilidad pedagógica en la sociedad. Así mismo, urge propiciar en la población un sentimiento de adherencia al lenguaje democrático, de tal forma que la interiorización de este discurso aglutine a todos los miembros de la comunidad. De allí, entonces, la importancia de promover una cultura democrática basada en unaeducación humanística que permita comprender, en un contexto de paz social, los objetivos y la finalidad del Estado de derecho.

martes, 3 de noviembre de 2009

Informe acerca del XII Congreso Nacional de Estudiantes de Educación: Ica 2009.

Lima-Perú. http://cronopiocortazar.blogspot.com “Video meliora proboque, deteriora sequor”. Esta frase latina pareciera haber sido el santo y seña de los organizadores del reciente XII Congreso Nacional de Estudiantes de Educación (CONEED), realizado en la ciudad de Ica, entre los días diecisiete y veintiuno de agosto del año en curso. El campo de Agramante en el que se desenvolvió el citado congreso no es sólo el corolario del accionar incurioso de una camarilla, sino el resultado de una total inoperancia de las instituciones encargadas de la veeduría y fiscalización del mismo. Recordemos que el fiasco de este año fue procreado en la ciudad de Iquitos, donde la praxis demagógica del “verba volant” de algunos estudiantes le otorgó un cariz casi surrealista a la propuesta de la universidad San Luis Gonzaga de Ica como nueva sede congresal. Demás está hablar acerca de los singulares ambientes utilizados para el desarrollo del evento, así como de la ausencia de algunos ponentes en los días centrales. Creo que todo ello es un aserto mondo y lirondo conocido por cada uno de los estudiantes congresistas. El problema es más profundo que todas estas verdades de marras. Tiene que ver con una total y absoluta preeminencia del factor improvisación. Queda claro que los responsables directos de este espectáculo de guiñol son los miembros de la organización. Ahora, en lo que respecta a las conferencias magistrales fue toda una interesante muestra simbólica de un circo romano. Las conferencias adolecieron del peso específico de una henchida, y a veces soberbia carga ideológica, amén de las desgañitadas voces del paroxismo partidario. Esto no quiere decir que lo político debe apartarse de la temática educativa. Muy por el contrario, el vínculo entre ambas esferas del quehacer científico debe de acortarse, al punto de desarrollar una sinergia necesaria entre sus construcciones teleológicas, la eticidad de sus proyectos y la envergadura de sus discursos vinculados a la realidad nacional. Empero, lo que se vio en Ica fue la competencia por la hegemonía partidaria de un grupúsculo de personas que por años dicen enarbolar los intereses de la masa estudiantil. Es importante señalar que a pesar de las diferencias ideológicas primó el abierto y democrático ejercicio de la praxis heurística. Obviamente el debate muchas veces dejó de ser trascendente para pasar a convertirse en un deplorable escenario de acusaciones y calumnias. Así, el ponente José Lora Cam rompió fuegos el lunes diecisiete durante la inauguración del congreso. En horas de la mañana comenzó a desarrollar su exposición intitulada Fundamentos filosóficos y epistemológicos de la educación. Con un lenguaje ciertamente acre y virulento, a veces incluso montaraz, el profesor Lora Cam comenzó a deslizar un sinnúmero de ideas vinculadas a la ontología de la praxis educativa. Desde una perspectiva marxista Lora insistió en la necesidad de un cambio profundo en las estructuras económicas y sociales de nuestro país con miras de hilvanar soluciones a la problemática educativa. Estas ideas no son nuevas ya que el talante de José Carlos Mariátegui prodigó primigeniamente las mismas hace más de medio siglo. Quizás lo más rescatable, tal vez lo único, del profesor Lora sea su flamígera y furibunda defensa del marxismo, por lo menos en tiempos de tanta hipocresía política globalizada. Es interesante su manejo de las categorías a nivel del lenguaje filosófico y en las dehesas de lo político, como correlato de la dinámica del fenómeno educativo. El profesor Lora es además un baqueano en el arte de la polémica. El congreso le permitió desplegar todo un cúmulo de adjetivos bienhadados que representan la dureza del discurso desde la resistencia. Teniendo como demiurgos las esferas de la alteridad los planteamientos de Lora ostentan una fuerza incomparable, al punto de poner en evidencia los deleznables cimientos del pensamiento único. Las tesis del marxismo pueden ser criticables, qué duda cabe. Empero, lo que le otorga singularidad a las disquisiciones de Lora son la profundidad y la transparencia de sus argumentos. Muchos de ellos pueden ser tildados de jacobinos y quiméricos. Pero, son ideas que abren un abanico de posibilidades para darle erklaren, explicación seria y novedosa a la realidad nacional. Es cierto que el profesor Lora suele desbordar en epítetos descalificando a parte importante de la clase política urbi et orbi. Sin embargo, las diatribas no son gratuitas. Siguiendo el pensamiento de Nietzsche sentenciamos que la palabra más soez y la carta más grosera son más educadas que el silencio. De otro lado, el día dieciocho hizo su aparición el señor Ollanta Humala quien desplegó todo un arsenal de conocimientos en torno a la historia y la política de nuestro país. Su ponencia se intituló Alternativas de la pobreza social y educativa. Las palabras de Humala nos hicieron recordar que estábamos próximos a una contienda electoral. Por ello, desde la otra orilla, con la ponencia denominada Políticas educativas y el proyecto educativo nacional, Lourdes Flores Nano ponía la carne en el asador el día diecinueve de agosto. Las galerías estaban desconcertadas al observar a una respetable dirigente de derecha convertida en una complaciente Estela Martínez de Perón. Parecía la reencarnación de un intelectual de la socialdemocracia. El mismísimo círculo de Frankfurt hubiese envidiado las maromas discursivas de la doctora Flores. Las líneas teóricas adquiridas en el proceso y la dinámica del conservadurismo católico, así como su apuesta por el neoliberalismo a ultranza brillaron por su ausencia. Es evidente que el cálculo político tuvo un mayor peso a la hora de transformar el escenario académico en una tribuna de propuestas partidarias, siempre con el objetivo de cooptar y canalizar la voluntad de algunos votantes. Finalmente, debemos apuntar que las demás ponencias dejaron mucho que desear. Es de triste recordación una que tuvo lugar el último día del congreso. Con su exposición el ponente de nombre Dervy Jiménez le otorgó un nuevo sinónimo al semema sofista. Por un momento creímos estar en el atrio de una iglesia administrada por Johann Tetzel. Incluso nos invadió la duda de saber si estábamos en un congreso de estudiantes o en el anfiteatro de algún yuppie adinerado siendo demolidos por los lúbricos circunloquios y los arrebatos discursivos de un arrendajo de Coehlo y Cornejo. No cabe duda que el balance general del congreso realizado en Ica, muy a mi pesar, es negativo. Sin embargo, es menester rescatar algunas exposiciones estudiantiles que generaron el debate profundo y pertinente de las ideas en torno a la problemática educativa. Así mismo, existen muchos motivos para felicitar a la población de Ica, quizás el más importante esté relacionado con el buen trato y el respeto al turista. Esperemos que los organizadores del próximo congreso, el mismo que se realizará en la ciudad de Chiclayo, tengan a bien evaluar seriamente la importancia de su trabajo, ya que de ello depende la consolidación de un proyecto discursivo desde las esferas del lenguaje académico y la praxis política.

lunes, 12 de octubre de 2009

Acerca de la histórica polémica entre Hans Kelsen y Carl Schmitt.

Lima-Perú. http://cronopiocortazar.blogspot.com Para abordar esta polémica tenemos que ubicar el contexto histórico en el que se desenvolvió la misma. En los inicios del siglo XX se desencadenó un conjunto de eventos trascendentales que repercutieron en las estructuras económicas, políticas, sociales y culturales de la mayoría de países del orbe europeo. Tras la primera guerra imperialista ocurre un parte aguas que se inicia en 1919. Mientras en Alemania se instalaba la república del Weimar, en la ciudad de Saint-Germain se concretaba la división del antiguo imperio Austro-Húngaro. El efecto inmediato de este proceso fue la reestructuración del sistema normativo de los nuevos estados. Es así que, en Austria se promulgará en 1920 una Constitución política de avanzada para su época. La carta magna austríaca tenía el sello ideológico liberal del jurista Hans Kelsen. El derrotero austríaco observaba con optimismo el futuro al consagrar el ejercicio de sus leyes a la supremacía del flamante derecho constitucional. Muy por el contrario, la república del Weimar había nacido herida de muerte. El diktat de Versalles se transformó en su verdugo directo. Un clima social agitado por los discursos chauvinistas dinamiza el in crescendo de una intelligentzia vinculada a las tesis del revanchismo militar y del fortalecimiento brutal del aparato estatal. En estas dehesas ideológicas se hallaba el pensamiento del politicólogo y jurista alemán Carl Schmitt, en las antípodas del ideario de su colega austríaco. Ahora, la polémica se desarrolla específicamente entre los años 1928 y 1931. Todo comienza en 1928 cuando Han Kelsen publica su obra La garantía jurisdiccional de la constitución, a través de la cual cimienta las bases del futuro derecho constitucional gracias al posicionamiento de la categoría de control constitucional. Lo que hoy conocemos en nuestro país como Tribunal Constitucional tiene a las tesis de Kelsen y a la promulgación de la histórica constitución austríaca de 1920 como dos de sus principales demiurgos jurídicos. Los trabajos de Kelsen permiten la judicialización de la política. Lo cual implica que el andamiaje de lo político se circunscribe a las esferas de las relaciones y equilibrios de poder; y a la dinámica de los actores políticos y organizaciones sociales. Esto viabiliza no sólo la independencia y autonomía de los poderes, sino también la legitimación del Estado de derecho. Siendo la constitución política la norma más importante de un estado necesita de un poder autónomo que garantice la vigencia de sus cláusulas, las mismas que son el producto del consenso social entre los ciudadanos. Es la comunidad quien a través de su poder constitucional genera no sólo la carta magna, sino también los poderes constituidos como el Tribunal Constitucional capaces de proteger la juridicidad de leyes y normas emitidas por los diferentes poderes e instituciones competentes. Muy por el contrario, las tesis de Carl Schmitt se circunscriben al discurso de lo político. Desde una perspectiva eminentemente ideológica Schmitt cimienta las bases del estado nacional en torno a la voluntad jurídico-política del führer. El establishment moderno debía regirse por las decisiones del jefe supremo y caudillo nacional. Los arrestos del nazismo materializaron las singulares propuestas de Schmitt hasta llevarlas a un punto sin retorno en donde la dignidad del ser humano quedó reducida a la nada. En suma, mientras Carl Schmitt somete lo jurídico al discurso de lo político; Hans Kelsen aborda la problemática constitucional desde un punto de vista netamente jurídico-publicicístico, manifestando que la jurisdictio en las esferas de la protección constitucional le corresponde a un poder autónomo que marca distancia con lo político. Qué duda cabe, las nefastas consecuencias de la segunda guerra imperialista precipitaron la debacle de las tesis de Schmitt, y la consolidación del programa jurídico-constitucional de Hans Kelsen.

martes, 6 de octubre de 2009

Análisis político, económico y social de la civilización romana de occidente desde la expansión republicana hasta la caída imperial.

adelantecronopio@hotmail.com I. Introducción. En las próximas disquisiciones analizaremos el proceso histórico acontecido en Roma como resultado de los choques y desencuentros entre las bases estructurales del sistema esclavista y la dinámica de los actores políticos y movimientos sociales que provocaron su auge y caída, desde la expansión del sistema republicano hasta la crisis que desencadenó el colapso total del imperio. II. Consolidación republicana y posicionamiento de la aristocracia senatorial. La guerra es la continuación de la política por otros medios había sentenciado Claus Von Claussewitz. Durante la etapa más dura de la expansión romana se suscitaron conflictos armados por la hegemonía en la península itálica que evidenciaron la necesidad de dinamizar el aparato militar, al punto de convertirlo en el eje clave para el posicionamiento republicano. Tras el quiebre del sistema monárquico la clase senatorial compuesta principalmente por poderosos aristócratas robustecieron su poder político y económico, los mismos que tenían como sustento la propiedad de la tierra. De otro lado, con el crecimiento del comercio y tras la adquisición de mayores riquezas, por parte de los plebeyos comienza a abrirse un nuevo conflicto de intereses, el mismo que tuvo como cenit la histórica huida al monte Aventino. Empero, las luchas sociales no reestructurarían el andamiaje político manejado por los patricios, más bien lo hicieron más fuerte a cualquier convulsión. Así, los plebeyos terminaron por acoplarse y asimilarse al sistema político elitizado por la aristocracia. Tras la agitación plebeya el establecimiento republicano consolidó sus estructuras jurídico-políticas y dinamizo las redes de su aparato burocrático con miras de expandir sus intereses. El orden en lo político le permitió a la clase dominante iniciar con mayor ferocidad la compañía militar en búsqueda de mayores recursos para garantizar la producción y supervivencia de sus tierras. Este proceso originaría el crecimiento de gigantescos latifundios como resultado de las guerras en el exterior, las cuales no solo enriquecieron a la clase senatorial, sino que también posibilitaron el acceso a la mano de obra esclava necesaria para el desempeño en las labores agrícolas, principalmente. Sin embargo, el sistema republicano colapsaría como producto de la expansión brutal del esclavismo, el mismo que requería de mayores contingentes de masas trabajadoras con miras de elevar los niveles de producción ante la recurrente crisis agrícola. Esta crisis tendría como efecto también la proletarización de los pequeños campesinos. Así mismo, se desencadenaran alzamientos de esclavos, como el caso de los suscitados en Sicilia y la rebelión encabezada por el tracio Espartaco. Mientras, en las ciudades se evidenció una mayor polarización entre la clase senatorial y los sectores empobrecidos, cuyo corolario sería el recrudecimiento de las luchas sociales. En este escenario los partidos políticos se lanzan a una guerra sin cuartel por la hegemonía y el control del Estado. Las guerras civiles son un ejemplo de ello. III. Debacle del imperio y reacomodo político de la aristocracia senatorial. Con la llegada al poder de César Augusto se inaugura un nuevo sistema político en la Roma occidental, más cercano a la cosmovisión de las clases dominantes de Oriente. El principado será la materialización de un discurso político más acorde con las circunstancias históricas del momento. La pax romana desarrollada por Augusto tiene como objetivo garantizar la seguridad y la supervivencia de los resortes del poder necesarios para viabilizar la continuidad del sistema. El principado octaviano le dio pronta solución a un sinnúmero de problemas enraizados en el descontento de amplios sectores sociales y políticos. El otorgamiento de trigo a las clases empobrecidas de las ciudades le permitió contener los ánimos revolucionarios de las masas. Así mismo, el incremento de los beneficios de jubilación y salarios para los soldados fue una medida que le granjeó la confianza del sector castrense. Finalmente, la cesión de cargos públicos y políticos para la élite italiana le garantizó la fidelidad y el apoyo de un sector importante de la emergente península. Ahora, los antiguos patricios habían mutado hace mucho en ricos terratenientes y potentados comerciantes a raíz de un sinnúmero de coyunturas políticas. La sobrevivencia de este sector social estuvo garantizada incluso tras la arremetida de los bárbaros. Las luchas intestinas en las altas esferas del poder evidenciaban una brutal y encarnizada lucha por el poder político entre nobles citadinos y provinciales. Esta lucha por el manejo del poder en Roma recrudeció aún más con la caída de la dinastía nacida a partir de César Augusto, ya que entraron a tallar los sectores castrenses. Los militares se arrogaron la autoridad política a partir del uso de sus armas. Sus éxitos en el campo de batalla les granjearon la confianza y legitimidad de las masas. Con ello, el camino hacia el poder estaba garantizado. Pero, los jefes militares, muchos de ellos, carecían de un discurso coherente y eficaz con miras de darle solución a los problemas del imperio. Así, se desencadenó una lucha feroz por el poder entre las diferentes facciones y líderes castrenses. El manejo de la cosa pública era demasiado complejo para el simple y voluntarista pergeño de un militar. Años después un período de crisis sacudirá los cimientos de Roma. El siglo III d.C. marcará el punto de quiebre del sistema imperial romano. El contexto económico es desalentador. Se desata un período en el que entran en crisis las estructuras productivas del sistema agrario. A ello se suma una disminución considerable de la población no sólo en las ciudades, sino también en el campo. Así mismo, el esclavismo es herido de muerte como producto del cierre de fronteras y el estancamiento de las campañas militares, lo cual trajo como consecuencia la falta de mano de obra y como correlato de ello se elevaron los precios por la adquisición de esclavos, necesarios para las labores agrícolas en los gigantescos latifundios de la clase senatorial. A todo ello se sumo la invasión violenta e incesante de los germanos desde las márgenes del Danubio y el Rin. En una clara muestra del mayor endurecimiento del sistema Diocleciano iniciará todo un conjunto de medidas tendientes a otorgarle continuidad al establishment imperial. Lo mismo ocurrirá con Constantino. Queda claro que las riendas del poder pasarán nuevamente a manos de la aristocracia senatorial como resultado del pésimo manejo político de los emperadores y como efecto de la represión sobre los sectores populares. El balance general evidencia el desgarramiento del sistema desde arriba, lo cual nos remite a las luchas intestinas por el manejo del poder entre las clases dominantes; y desde abajo como producto de los incesantes movimientos sociales.

viernes, 2 de octubre de 2009

El Emilio de Rousseau en diez disquiciones.

1. Rousseau nos hace partícipes de la complejidad que reviste el análisis y el estudio de un tema tan profundo como el de la pedagogía. Se puede desbordar en conocimientos teóricos y técnicos que abarquen el estudio de una realidad determinada. Empero, la compulsa pormenorizada logra efectos positivos sólo a través de la sinergia entre el bagaje teorético-doctrinario y la praxis de los actores sociales. La temática educativa es siempre un área amplísima que urge un estudio exhaustivo. 2. El espíritu de la ilustración le permite a Rousseau elucubrar algunas ideas referidas al análisis ontológico del niño y del hombre. La mayoría de sistemas filosóficos le han otorgado un peso específico al rol protagónico del hombre en la sociedad y en la historia. Así, el accionar de los niños era visto con simpatía, mas no con criterio de cientificidad. Incluso la caracterología de los niños estaba sujeta a los moldes sociales de los adultos. 3. Rousseau nos permite comprender que a la hora de quebrar un paradigma es necesario defender con entereza nuestras ideas. Sobre todo en el campo de las ciencias es importante zanjar las ideas contrapuestas que perjudiquen nuestro discurso. Por ello, más vale guiarse en su totalidad por la práctica vigente que tomar a medias las directrices de una buena medida. 4. Desde la perspectiva de Rousseau todos los proyectos desarrollados por los hombres deben contener los siguientes elementos: la bondad absoluta y la factibilidad de su ejecución. La bondad le otorga consistencia ontológica al discurso ético de cualquier elucubración prospectiva. Es decir, las elaboraciones teóricas tienen como fuente matriz la realización de un bien en favor no sólo del hombre, sino de la sociedad. Por ello, es que los proyectos deben de ser viables en la medida de efectivizar sus beneficios a toda la comunidad. 5. Rousseau trasciende a la historia al poner en evidencia la degradación moral y la crisis ideológica de toda una época. En el estado natural de las cosas el ser humano es un personaje íntegro y con la capacidad para poder enfrentar la vida de una manera más correcta. El hombre nace bueno, tiene la posibilidad de viabilizar su conducta por los cauces de la eticidad. Empero, la sociedad lo corrompe. La construcción discursiva del hombre bueno llega a quebrarse como producto del choque irreversible con los patrones y moldes estandarizados de la sociedad. 6. Desde nuestro nacimiento somos seres inermes. Como dijera Jean Paul Sartre somos seres arrojados a la vida. La necesidad de afirmarnos en la vida a partir de la construcción de nuestra personalidad se logra a partir de la adquisición de conocimientos y sentimientos mediante el accionar de la educación. 7. La madre es un elemento clave en el discurso de Rousseau. Es una de las principales protectoras de los niños durante su educación. La madre representa la pureza moral y espiritual en el marco del estado natural de los niños. En el camino del ejercicio educativo la madre será la guía para la materialización del hombre bueno y feliz. 8. Desde la perspectiva rousseauniana la educación de la naturaleza involucra el conocimiento y la dinámica de nuestras capacidades y órganos internos, los cuales nos permiten una interacción más eficaz con nuestra realidad. Ahora, la educación de los hombres es la que adquirimos en los aparatos institucionalizados del saber social, es decir, no sólo en los colegios y universidades, sino también en las esferas de los diferentes agentes sociales como por ejemplo la familia, la comunidad y a través de los medios de comunicación. De otro lado, la educación de las cosas se materializa en nuestra capacidad para adaptarnos al medio circundante, teniendo en cuenta cómo percibimos las características y la funcionalidad de las mismas. Los tres tipos de educación se interrelacionan, ya que la dinámica de la educación de las cosas toma como punto de arranque el posicionamiento de las capacidades perceptuales, basadas en la educación de la naturaleza, con miras de efectivizar nuestro conocimiento de la realidad, para de esta manera acceder a los conocimientos y sentimientos generados por los agentes sociales, principales promotores de la educación de los hombres. 9. La educación nos otorga un cúmulo de herramientas para viabilizar la construcción de nuestra personalidad en el tiempo. Rousseau nos dice que nacemos con determinadas características innatas, muchas de ellas se pierden por el contacto con los patrones de la sociedad, pero la educación permite que algunos elementos vinculados al ejercicio de la eticidad queden como muestra del grado de desarrollo moral del ser humano. He allí la importancia del ejercicio educativo en la realidad social de hoy. Por ello, la educación tiene como objetivo la construcción ética del ser humano. 10. Thomas Hobbes cuando dijo que en el estado de naturaleza el hombre era un lobo para el hombre. A esto respondió años más tarde Rousseau manifestando que la naturaleza era el estadio en el que el hombre ejercía su conducta con libertad, sin ataduras de ningún tipo, ni mucho menos constreñido por los estereotipos y mores de las sociedades corruptas.